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El popurrí de las terrazas ferrolanas

La Voz de Galicia (24/05/2018)

* Más de doscientas están aprobadas en base a la ordenanza reguladora, pero la realidad es que la uniformidad que siempre se busca brilla por su ausencia

El feísmo se define como aquel elemento, ya sea una contrucción o un simple objeto, que degrada de modo alguno su entorno. Dentro de esa acepción, principalmente vinculada a Galicia, las terrazas tienen un hueco reservado. En una ciudad como Ferrol, como en casi todas, se pueden encontrar estos espacios con todo tipo de materiales, formas y colores, que hacen cada una diferente a la de al lado, en una especie de competición arquitectónica de bajo presupuesto. Aquí es llamativo, sobre todo, porque se ha luchado por la uniformidad, con una ordenanza rígida e inspecciones, pero lo cierto es que, salvo en algún detalle, las cosas han cambiado más bien poco en los últimos años.

En este momento, según trasladan desde el Concello, hay 374 expedientes de terrazas en Urbanismo. De estos, hay 214 aprobados, 82 en trámite, 25 archivados (no presentaron documentación, etc.), 20 denegadas y 9 desistidas. Por lo tanto, más de dos centenares de los espacios son totalmente legales. A estos se añadirán nuevamente este año, durante la época estival, unas tres decenas más, en las calles Pardo Baixo, Magdalena y María, que se convierten en peatonales.

La sensación desde el sector hostelero es que, aunque se han dado pasos y casi todas están reguladas, hay un compendio de terrazas que se queda lejos de la uniformidad. Así, cada barrio y cada negocio lleva las normas al límite, pero con la estética, parece, como último recurso. En el casco histórico, una zona que, a priori, debería ser la más cuidada, hay grandes toldos, mamparos de cristal o de madera o sombrillas, entre otros elementos. Algunas zonas como la plaza de Amboage, eso sí, han cambiado para mejor, con más similitud.

Unificación en Ultramar

De los pocos sitios donde los propios hosteleros han hablado de establecer un patrón común es en Ultramar. Allí proliferaron el pasado verano las terrazas de madera, algunas cerradas por la parte superior y otras no, que ya tienen seis locales. «Estamos con las licencias aprobadas y no hemos recibido ninguna queja», expresa Alfonso Gómez, propietario del Mesón Alfonso y presidente de Ultramar Village. Están situadas en el arcén de la carretera, algo que permite la ordenanza en zonas con las calles estrechas. «Era quedarse sin ella o meterla en el aparcamiento», añade. En locales como el suyo tenían antes las mesas pegadas a la fachada, pero ahora eso no está permitido por la separación mínima de 1,80 metros que debe haber con cualquier elemento.

Mientras, otra zona cercana, la de la plaza del Inferniño, es quizás uno de los puntos que más están bajo la lupa del Concello. Allí los negocios poseen terrazas amplias ocupando la acera, que los hosteleros sienten que están siendo continuamente vigiladas. De hecho, el pasado mes de noviembre, en pleno invierno, varios recibieron multas que rondaron los 600 euros. «La Policía Local vino a sacar fotos y, sin previo aviso, nos multaron», expresan los dueños de un local. Semanas más tarde, los agentes volvieron a estar por allí, pero no han recibido ninguna notificación más. La mayor parte de las infracciones en este lugar es por ocupación de espacio más allá del establecido. Aún así, el colectivo de hosteleros considera que las medidas son «excesivas» porque «bastante hay que hacer para salir adelante cada mes». «No hacemos casi dinero, en nuestro caso pagamos 1.100 euros de impuestos y aún encima vienen a saco a cobrar», comentan en uno de los negocios de la plaza.

«Es imposible competir»

Cuando el actual gobierno se centró, en los primeros meses del 2016, en tratar de que todos cumplieran la ordenanza, muchos, con miedo a las multas, se pusieron manos a la obra. Así, en Catabois, una zona también con muchas, se dieron circunstancias como las de José Martínez, con más de tres décadas de experiencia y propietario del Vanessa, el Garimbas y el Jose’s. Tenía terrazas en buen estado, pero las cambió para adaptarse a la norma, lo que le costó 2.000 euros cada una. «Y ahora veo que al final en muchos otros locales todo sigue parecido, es frustrante. Hubo una revolución, pero luego volvió a hacer cada uno lo que quiso», expresa

Además, también opina que «es imposible competir» con las terrazas de municipios cercanos, como las del aparcamiento de Odeón. «Ellos no tienen la culpa, sino la falta de unificación en sitios tan cercanos. Al final, salimos perdiendo los que más normas tenemos», concluye José. Por otro lado, apunta a la cantidad de terrazas, algunas de ellas retranqueos de los edificios, en las que se puede fumar, «cuando son lugar donde no debería permitirse».

Desde el Concello explican que las inspecciones realizadas por la Policía Local son periódicas y aleatorias. Mientras, la concesión de las licencias se hace después de un estudio individualizado de la solicitud, en función de cada caso. Además, su aprobación pasa también por Patrimonio para lo que respecta a la ocupación del suelo público y, asimismo, por la Policía Local, que informa sobre los posibles riesgos para la vía pública.

En este momento la tasa es de 8,83 euros al año por cada metro cuadrado de superficie ocupada, que se multiplican por el coeficiente del IAE de cada barrio. No obstante, para los cierres estables la cuota sube a 17,59 euros por metro cuadrado. De esta manera, las terrazas suelen ir desde los 70 hasta los 2.000 euros.«Muchos locales no han cambiado nada, es frustrante», dice un hostelero que se gastó 6.000 euros