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Comidas melosas y servidas con mimo en "Casa López"

La Voz de Galicia (27/03/2016)

* Recetas caseras renovadas y aderezadas con ideas muy viajadas en Casa López, en pleno centro de Ferrol, que esta Semana Santa ha cumplido un año de vida.

En esta cocina reina el ferrolano Pablo López Freire, mientras la viguesa Patricia Rodríguez atiende con mucho mimo las ocho mesas de la sala. Son las dos caras de Casa López, que esta Semana Santa cumple un año en la calle María de Ferrol (frente al hotel Almirante) en un local renovado a base de unos recuerdos culinarios familiares y otros muy viajeros. El maridaje de ambas influencias se articula bajo una férrea norma de la casa: huir de lo pretencioso e idear una carta original que encandile a todos los paladares. Los burritos López o el arroz criollo son dos ejemplos de sus platos nacionalizados, ya que se preparan con productos locales y son una adaptación de recetas que tanto Pablo como Patricia descubrieron o simplemente disfrutaron en lugares como Mallorca, Londres o Dublín.

Todas las raciones sirven para compartir; se puede abrir boca con unos boliños de bacalao con alma portuguesa o unas empanadillas crujientes caseras, que son la muestra de la mitad de la carta basada en los platos que Pablo vio preparar a su madre de niño, aunque ahora llevan algún sabor más. «Cuando yo era pequeño no había salsa de soja», bromea el cocinero, formado en Foz.

En los principales mandan las carnes: el Pollo López son unas alitas confitadas con soja o limón muy sabrosas; el bistec de ternera gallega, un clásico de una infancia de los 80, pero que se presenta fileteado al ajillo y al limón en su versión más melosa y los más voraces pueden decantarse por el solomillo de cerdo sin sentir ni un ápice de culpa, porque la carne se acompaña de un wok de verduras al dente.

Los canelones caseros van mudando su interior cada día y las albóndigas de marraxo en salsa hacen un guiño a uno de los platos más populares de Ferrol.

A la casa le gusta mudar la carta, pero se está encontrando con que en pocos meses muchos de estos bocados ya tienen fans que les impiden darles un descanso. «Tendremos que añadir otros y mantener estos», alegan. Con los postres sucede esto mismo: la chispa local se suma a las ideas recogidas en la trayectoria del chef. Si se llega un poco tarde ya no queda la panna cotta, que es uno de los momentos dulces más solicitados, pero se puede optar por un cremoso de chocolate en un vaso que recuerda -por tamaño y presentación- a los de Nocilla, pero este no empalaga; es un postre que disfrutan hasta los menos aficionados al dulce y que alcanza para compartir.

Vinos rebeldes
La pizarra de los vinos es atrevida, con referencias de los productores más rebeldes como La Bruja Avería, una de las cartas de presentación de Comando G, que ya trabaja en Galicia, aunque este caldo pertenece a la Denominación de Origen de Madrid. Otras opciones -todas dentro del rango de precios del local- son el gallego Pé de perdiz, un ribeiro tinto, o Fusco, el tinto más travieso de Xurxo Albamar, ya que es una incursión del cambadés en la Ribeira Sacra. Hasta el Rioja busca ser especial (La Oración). Hay tantas opciones para pedir la botella o solo una copa.

«No queremos abrumar, sino que todo sepa tan rico que la gente quiera volver», abunda Pablo, que se preocupa incluso de que la música no sea cargante. De fonda suenan repertorios de jazz o soul que enmarcan el ambiente acogedor del local junto con piezas como teteras inglesas antiguas, muebles familiares y una ecléctica colección de lámparas que construyen un rincón amoroso. Lo dicho, voluntad férrea de agradar sin caer en la pedantería. La cuenta también sorprende, pero por modesta.

La casa recomienda
Todos los platos son para compartir: se puede empezar por los boliños de bacalao o las albóndigas de marraxo en salsa, después el solomillo de cerdo con wok de verduras (en la foto) y de postre, cremoso de chocolate. 12 euros, sin bodega

A partir de 15 euros